El Joker

pepeylupy“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Albert Einstein.

Pepe Fernández estudió Diseño en Salamanca en los años ochenta, una época de cartulinas, dibujos a mano y fotocopias en la que el diseñador, en lugar de experto en programas informáticos, era un verdadero artesano. Conoció a Guadalupe Hernández en la universidad y juntos le dieron forma y voz a un estudio de diseño que nació en 1990, con la estampa de una imprenta antigua por logotipo y que en 1993, gracias al trabajo conjunto, se convirtió en lo que ahora es; un valioso comodín, un joker que vale por cuatro cartas: diseño gráfico, creatividad, publicidad y diseño editorial.

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Logotipo de Pepe Fernández en 1993.

Nos interesaba mucho conocer alguna experiencia sobre la creatividad antes del Macintosh, las presentaciones animadas y las redes sociales online. Y Pepe Fernández nos llevó de la mano hasta los años noventa, esa década que, por todos los cambios acontecidos, ahora nos parece remota. Revivió y nos hizo vivir una preciosa historia. Deseamos de corazón que a ti te llegue tanto como a nosotros. Disfrútala.

Disquetes en Conserva

Estamos en el año 1995. Pepe y Lupy suelen reparar sus ordenadores y comprar accesorios en la tienda informática de Ignacio. Ignacio siempre les dedica una sonrisa a los clientes; le gusta charlar y bromear. Pepe y Lupy se extrañan al sentirlo silencioso y preocupado y entonces y aquí, en la tienda de informática, comienza esta historia.

-¿Y a ti qué te pasa hoy? ¿Te has comido una monja de clausura?

Ignacio niega con la cabeza. Tiene los ojos quietos sobre el talón de las facturas.

-Monja de clausura te voy a dar yo a ti.

Pepe y Lupy se miran y sonríen.

-Venga, va… ¿qué te pasa?

-No me pasa nada. Tonterías que ya solucionaré.

-Las tonterías se quitan con una caña. Yo te invito luego si quieres.

Ignacio suelta una carcajada.

-¡Las tonterías se quitan con dinero!

-¡También! Pero a eso sí que no te voy a invitar.

Finalmente acuerdan verse a última hora de la tarde, después del cierre de la tienda.

-Veréis –comienza Ignacio –. Tengo una buena idea y poco dinero y eso me fastidia.

Pepe y Lupy ríen.

-Estoy con un asuntillo que me parece muy práctico y vendible –continúa –. Quiero llenar unos disquetes con recetas de cocina. Ya sabéis; para que la gente lo tenga todo más a mano. En lugar de estar buscando por toda la casa los libros de recetas, abriéndolos, cerrándolos y metiéndolos otra vez en el sitio; cada vez que la gente quiera preparar un plato, que meta el disquete en el ordenador y que busque la receta. Es práctico y ahorra tiempo.

-Pues parece una idea muy buena. ¿Cuál es el problema?

-Quiero presentar la idea en SIMO y apenas tengo dinero para pagarme un stand de medio pelo y perdido en el quinto carajo. Ya sabéis de lo que va el tema; a las ideas hay que darles publicidad o no te comes un rosco.

-Bueno, pero puedes pagar el stand, ¿no? Peor es que tuvieras que ir con una manta y los disquetes encima. Eso sí que sería un problema.

-¡No! Calla –ríe Ignacio -. Puedo pagar el stand y también puedo pagar los blíster y las etiquetas.

-¡Míralo! ¡Un problema, dice! Yo también quiero tus problemas.

-¿No te dije desde el principio que era una tontería?

-Ahora en serio, ¿estás con cara de haberte pasado una semana oliendo pescado podrido solamente por no poder pagarte un Stand de primera?

-Pues sí, tío. Me jode tener una buena idea y que la idea se venga abajo por falta de pasta. ¿Qué voy a decirte? Me jode y mucho. Y no es sólo el Stand. El tema de las etiquetas aún me jode más. Me han pasado muchos presupuestos y sólo puedo asumir uno, el más cutre para no variar y juntando una cosa y la otra aquello va a ser un desastre. Va a ser mejor no ir.

-¿Tan mal está el tema de las etiquetas?

Ignacio arruga la nariz, aprieta los labios y niega con la cabeza.

-Vale… Creo que lo he entendido. Oye, ¿de cuánto estamos hablando? ¿Cuál es el presupuesto que puedes asumir?

-Poco.

-¿Cuánto es poco?

-Poco es poco. Tú con ese presupuesto no moverías ni un dedo.

-¡Cada vez pinta mejor el tema!

Los tres empiezan a hablar de números y la conversación queda así: Pepe y Lupy ayudarían a Ignacio y, con el presupuesto que éste puede asumir, crearían un diseño de calidad.

La pareja se pasa varias semanas buscando la manera de hacer con un blíster y una etiqueta el envoltorio perfecto para un disquete de recetas. ¿Qué colores conectarían mejor con el target? ¿Cuáles serían los mensajes más adecuados? ¿Cómo conseguirían llamar la atención de un público saturado por los reclamos de una de las ferias más importantes del momento? Al final del proceso la creatividad encuentra su camino delante de un plato de ensalada.

-No lo veo, Lupy. Por mucho que nos esforcemos el formato sigue siendo el que es; un disquete metido en una puñetera bolsa de plástico etiquetada. El formato le quita valor al producto –explica Pepe mientras escurre el aceite de una lata de atún.

-¿Y? No podemos cambiar el formato. Todos serían muchísimo más caros que los blíster y, por tanto, inasumibles –contesta Lupy mientras sigue con la mirada los movimientos de su marido.

-Había pensado… Tenemos que encontrar un formato que una estos tres conceptos: “Cocina”, “Práctico” y “Galicia” –argumenta Pepe, soltando la lata y emulando el gesto de estar colocando tres ladrillos sobre la mesa -. Eso es lo que tenemos que hacer. Si lo conseguimos Ignacio tendrá una oportunidad en la SIMO –concluye mientras vuelve a coger la lata y vuelca el atún en el plato.

-Cocina… Práctico… Galicia… -divaga Lupy -. Cocina… Práctico… Galicia… Mar; productos del mar. Marisco, pescado, con… ¡Conservas!

En ese momento, Pepe, que acaba de tirar la lata abierta a la basura, regresa sobre sus pasos, recupera la lata, la pone sobre la mesa y pregunta: “¿Cuánto podrían costar dos mil latas de conserva vacías?”.

Esa misma tarde pide presupuesto y confirma que las latas de conserva vacías cuestan exactamente lo mismo que los blíster. Le comenta la idea a Ignacio. Sin presentaciones, sin ejemplos gráficos ni “golpes de efecto” de ningún tipo. Le dice: “Ignacio, hemos encontrado la manera de destacar en la SIMO; vamos a meter tus disquetes en latas de conserva”. Ignacio responde: “No se hable más. ¡Adelante!”. Así que compran las latas, diseñan los mensajes del producto, los imprimen y entonces se percatan de un pequeño detalle: hay que cerrar las latas.

Llaman a la fábrica de conservas Cortizo y mantienen con el gerente la siguiente conversación:

-Verá, tenemos un cliente que es prácticamente un amigo para nosotros. Nos unen muchos años de relación; él siempre se ha encargado de facilitarnos los mejores productos y precios de su sector, que es la informática y nosotros, que nos dedicamos al diseño y la publicidad, tenemos la oportunidad de corresponderle con un buen trabajo para un producto suyo que es muy curioso: un disquete con recetas de cocina.

-Me parece muy bien y muy bonito lo que me cuentas pero, ¿qué tiene que ver eso conmigo?

-Queremos meter los disquetes en latas de conserva, que es la mejor manera de hacerlos destacar en la feria de SIMO. Ya hemos comprado las latas y tenemos hechos los diseños. Solamente nos falta cerrar las latas.

Aquí el gerente suelta una carcajada y después guarda unos segundos de silencio.

-¿Cuántas latas son?

-Dos mil.

El gerente vuelve a guardar unos segundos de silencio.

-Está bien. Contad con nosotros.

Pepe respira aliviado y le da las gracias.

-No hay nada que agradecer. Además, es una buena idea. Me gusta la idea. Y me parece muy noble que os esforcéis tanto en ayudar a vuestro cliente.

-Hacemos lo que podemos. Y de verdad que le estoy muy agradecido por la ayuda. Podemos llegar a un acuerdo para abonarle la parte correspondiente a las molestias. Que yo entiendo que cerrar esas latas interfiere en su producción.

-No tenéis que abonar nada. ¡A abonar el campo! Un día por ti y otro por mí. Eso sí, como bien dices, este trabajo no puede afectarnos en la producción. Así que tendréis que venir una mañana en la que no tengamos producción. Un sábado, por ejemplo. ¿Este sábado os va bien?

-¡Claro que nos va bien!

-¡Pues entonces en marcha! A primera hora limpiaremos el aceite de las máquinas y nos pondremos a cerrar las dos mil latas. Será un momento.

Este es el resultado final:

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Ignacio acude al pequeño stand que pudo costearse en la SIMO con las dos mil latas de conserva, “en el quinto carajo”, como él explicaba, detrás de los grandes expositores y carteles que atrapan las miradas. Pero la gente que llega hasta el stand sí se fija en su producto, también se fijan los periodistas y al día siguiente los disquetes “PC Cocina” para Windows 95 aparecen en todos los artículos que hablan de la feria.

Algunos días después de finalizar el evento Pepe y Lupy reciben en su estudio una gran caja envuelta en papel de regalo y un sobre. Se trata de un ordenador personalizado, completamente nuevo. Dentro del sobre hay una nota: “Tenía una buena idea, poco dinero y sin vosotros no habría sido posible. Lo recordaré siempre. Ignacio. Pdt: como te rías de esta nota te meto a la monja de clausura por donde yo me sé”.

La tienda de informática de Ignacio ha desaparecido, igual que tantas otras empresas en los últimos años.

Pepe Fernández continúa en pie junto a los que aún están y persisten, más nostálgico a veces que soñador, pero con las mismas ganas de darles soluciones ingeniosas a sus clientes. Vuelve la mirada para recordar y recuerda con nosotros, que en los noventa llevábamos pañales, como quién dice pero que, a nuestra manera y bajo nuestras circunstancias, también entendemos de momentos malos y mejores. Estamos convencidos, como lo está Pepe Fernández, de que las buenas ideas sacan lo mejor de las personas y la imaginación -ese Joker capaz de darle la vuelta a cualquier partida-, en la mano adecuada, puede llegar muy lejos.

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Logotipo de Pepe Fernández desde 2012 hasta la actualidad.

www.pepefernandez.es

PepeFernándezFacebook

Texto: Judith Bosch. Imgeniuz.

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Un pensamiento en “El Joker

  1. !Esa ensalada era la clave! Os felicito, la historia está muy bien desarrollada, engancha desde el principio, y la escena de la cocina, con esa lata que cada vez va tomando más protagonismo, hace que surja una imagen casi cinematográfica en la mente. Ahora, una pregunta…¿Cómo abre el cliente la lata?
    Por otra parte, profesionales como Pepe Fernández y Lupe, empresarios como Cortizo y emprendedores como Ignacio son la muestra de que en el mundo de los negocios existen personas con un código ético que marcan positivamente una diferencia que merece la pena dar a conocer y divulgar.
    Enhorabuena, Bosch&Millás, es un placer leeros.

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